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martes, 18 de agosto de 2015

Caprichos


¿Qué puedo decirte para evitar que las lágrimas que se deslizan por mis mejillas sean reales? ¿Qué puedo decirte para evitar que los latidos de mi alma desprendan mis plumas?

En el fragor de una batalla que aún está por producirse, te observo sin que nuestras miradas se encuentren. Sin que transcurra el tiempo caminas a mi lado, y suspiro al desvanecerme.

Lejos de ti y cerca de tu alma, observo las nubes pasar en silencio. Recuerdo cuando después de acariciarme lamías las tristezas a merced del viento. Recuerdo el hedor de tus ojos cuando reflejaban mi sombra. Recuerdo la oscuridad de tus plumas cuando probaste la muerte.

¿Dónde estás, dónde fuiste? ¿Por qué aparté de mí el aroma de tu sonrisa?


Pese a que vives, mi alma ha dejado de sentir tu constante roce. Al extender el brazo en la noche, las yemas se manchan con la ceniza de tu cuerpo. ¿Cuáles son tus pensamientos cuando las muertas muñecas me besan los labios? ¿Cuáles son tus sentimientos cuando tus frías palabras riegan la nada y me sumen en el olvido?


Rodeado en el silencio, tus palabras vacías arrancan las alas de un millar de ángeles, obligados a caminar lejos de tu luz. Obligados a despertar.



Naif.



Esta entrada se la dedico a tres pequeñas luces que ardieron en el firmamento, a Kait y a Miriam.

Ojalá no las vea desaparecer.

1 comentario:

  1. Y yo en ese momento, dejé de existir.
    Aunque digas que cuando hablas de cosas abstractas, nadie te entiende, cuando te pones a escribir eres increíble.

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